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jueves 24 de enero de 2008

Las aguas turbias se hierven

frase dicha por Eduardo "Eddy" Toro, uno de los personajes de libro Zona Negra escrito por mi.

La frase corresponde a un apartado en el desierto de Urumaco en el estado Falcón luego de un revelador encuentro con varios supuestos investigadores quienes cuentan una historia sobre la investigación que realizan en una cueva subterranea, pero ninguno de ellos les reveló la fuente de financiamiento de su trabajo.

-¿Qué piensas sobre lo que dijeron esos investigadores de la cueva? Le pregunté a Eddy.
-Mira tienen todo el aspecto de militares, demasiados pulcros para hacer trabajo de campo, además los instrumentos son muy anticuados, pese a señalar que tienen tecnología de punta. Además ya al parecer tenían las respuestas prepadas.- respondió.
-¿Será que mucha gente viene a preguntar?
-Puede que si, puede que no. ¿Pero no te diste cuenta que tienen muchos depositos de agua y una gran casa que sirve como bodega de alimentos? - señalando las casas y los grandes tanques.
-Si, quizás sea que no van mucho a la ciudad.- respondí.
-Esto me parece muy extraño, quizás sean centinelas. Esto me parece muy turbio.
-Las aguas se enturbian mucho, habrá que dejar que se reposen a ver que conseguimos, -le dije
- Yo tengo una mejor forma, las aguas turbias se hierven, así sabes más rápido lo que hay. - Y sin mirar se montó en el 4x4 encendiendolo para regresar a Coro.

sábado 12 de enero de 2008

Un cuento

De mi autoria, relacionado con la tragedia de Vargas en el año 99.

Parecía que ya todo había pasado. El ruido de las rocas que hacen al chocar entre ellas, se había alejado ya varios minutos. La lluvia al caer daba la sensación de tranquilidad.
Me incorporé buscando alguna luz, pero no pude ver ni el resplandor de las luces lejanas. Estaba en total penumbra, no había diferencia entre tener los ojos abiertos o cerrados, no se veía nada.

Recuerdo que antes que todo ocurriera, escuchaba que los perros lloraban como si anunciaran la muerte a alguien. Por momentos sus aullidos se perdían entre la lluvia que cada vez caía con más fuerza, antes de que ocurriera todo.

Los vellos de los brazos se me erizaron cuando todos los perros aullaron por última vez. Hizo un silencio que la sangre del más valiente parezca helado. Era un silencio inusual, un silencio similar al que hay cuando un depredador se prepara para dar el salto final sobre la yugular de su presa.
Aguanté la respiración y traté de ver el mar desde la ventana de mi apartamento en La Guaira. Me temí que una ola gigante, entrara por el balcón y me ahogara, pero en la oscuridad de la noche y con la poca visibilidad que me permitía la lluvia, solo pude ver que la espuma de las olas seguían apareciendo en la orilla de la playa.
Luego de eso sentí que el piso tembló y después vino todo… todo lo que la montaña nos mandó. Un río incontenible de lodo, árboles y piedras que se llevó la mitad de mi casa, de mi pueblo, de mi vida.
Quedé alelado, escuchaba que la parte de atrás de mi casa, esa la que justamente tenía vista al Avila, una fuerza sobrehumana quería reventar… El ruido, el ruido fue lo peor de todo. Yo había escuchado motores de aviones despegando a la distancia. Ese ruido llena todo y hace vibrar los vidrios de las casas.
Pero este ruido no tenía comparación, solo se escuchaban los sonidos grutales de la incontinencia de una montaña, que no aguantó más y quería llevarse todo a su paso.
La furia de la montaña quería llegar al mar, pero habían obstáculos que debía sortear o quitar del paso. Uno de esos obstáculos era el edificio Palermo, donde estaba mi hogar.
El Palermo tenía 4 pisos y 16 apartamentos de los que solo vivíamos seis familias. Los vecinos del piso 4, los del piso 3, los italianos del piso uno y yo, Mechor Rodríguez en el piso dos. Todos los demás eran usados como apartamentos vacacionales o como moteles por sus dueños.
Ese día supe que mis diferencias con los vecinos se acabarían cuando vi como una de las paredes de mi casa fue arrancada como una galleta de una torta. Pude ver entonces lo que quedaba de habitación del apartamento de al lado. Pero yo seguía paralizado. No me pude mover pese a que mi vida corría peligro.
El agua fría que entraba por el gran agujero que sustituía la pared actuó como un par de bofetadas que activaron lo más básico de mi instinto de supervivencia.
Corrí sin antes no caerme dos veces por el agua que se había acumulado en el piso de granito que me hizo resbalar, y lo único que pude hacer fue meterme debajo del marco de la puerta. Mi cerebro en ese momento asoció el temblor con un terremoto, por eso me refugié ahí.
Aunque estaba en un segundo piso, sentía que el agua me recorría por el tobillo subiendo y en búsqueda de mi rodilla. Abracé la pared y clavé las uñas al ya húmedo friso. Otro reflejo instintivo fue apagar la luz para evitar que hubiese un corto circuito. Que ironía, un río de lodo, piedras y palos pasando por el medio de mi sala, y yo apagando la luz.
El ruido seguía siendo impresionante. Si hubiese estado otra persona a mi lado, y aunque le gritara en el oído, no me hubiese escuchado.
No se cuanto tiempo transcurrió hasta que el nivel del caudal descendió y salió de mi apartamento, pero todavía se escuchaban rocas tronar entre ellas. El ruido era igual al como prender una fogata con dos piedras, pero con dos piedras gigantes… no con mil piedras gigantes. En ese momento me hice una especie de broma interna para darme valor; “no voy a prender más nunca una fogata con piedras”, no reí normal ni histéricamente, solo solté una mueca.
Cuando paró de temblar, me solté de la pared y respiré rápidamente dos veces.
Observé alrededor y la humedad había entrado completamente a mi casa, o eso fue lo poco que pude apreciar debido a la oscuridad. El ruido “gigante” había desaparecido y lo había sustituido un caudal de agua, que corría un piso más abajo de mi apartamento.
Yo estaba frío, por la brisa y la lluvia que pegaban contra mi precaria humanidad. Temblaba pero no por el castigo que el viento y la lluvia lanzaban sobre mi. Temblaba de miedo porque no sabía que hacer, si quedarme en el lugar o salir huyendo.
Otro instinto de conservación se hizo presente; Me metí en lo que quedaba de mi cocina y tome dos paquetes de galletas saladas y una lata de atún. Las metí en mi bolsillo y agarré las llaves de la puerta. Iba a salir cuando un grito me hizo voltear a donde estaba el hueco que la montaña y sus cómplices habían hecho en mi casa.
2
Las visiones que tenía de la poca vida que me quedaba eran cuando salía del agua y podía respirar. Ya me había golpeado dos veces con un par de troncos o de ramas gruesas que fueron arrastradas por las aguas que bajaban de la montaña.
Estaba agarrado a algo que me impedía que la corriente me siguiera llevando al mar, no se que era, un cable, una guaya, una cuerda. No se. Pero tenía que conseguir un punto de apoyo antes que mis dedos se entumecieran y la corriente me arrastrara.
Pude recostarme contra una pared que tanteé con los pies. Y me apoyé. Me acerque más a la cuerda y me hice una doble vuelta en la mano, solo caso que me soltase. Comencé a gritar hasta que una voz desde arriba me preguntó si estaba bien.
Primero vi una sombra pero no podía distinguir quien me respondía porque el agua y el lodo todavía pegaba contra mi cara. Por un momento pensé que era la desesperación por salir que veía cosas que no había.
¡Pero si que había alguien!
Primero me lanzó un balón de fútbol que cayó frete a mi cara pero rápidamente siguió la dirección del agua. Escuché una especie de lamento o grosería pero mi salvador, quizás imaginario había desaparecido.
No se cuanto tiempo pasó desde que había visto aquella sombra y aquel balón que pasó frente a mi cara y se perdió para siempre. Mis esperanzas se habían empezado a desvanecer otra vez. Lo único que para mi fue positivo fue que el caudal de agua había empezado a disminuir.
Algo que cayó frente a mi cara me hizo cerrar los ojos, pensé que era algún despojo de aquella precaria vivienda, edificio o lo que fuera.
Cuando vi lo que tenía en frente a mi cara, era una tapa de poceta amarrada con un mecate.
Aquel salvavidas improvisado cayó delante de mi cara también como lo había hecho el balón de fútbol, y tenía intenciones de seguir el mismo destino del cuero. Antes que siguiera corriente abajo, lancé la mano, pero no le atiné.
Mi falta de puntería fue compensada con dos sumergidas en las que pensé que me había soltado de la cuerda y del salvavidas. Pero la cuerda seguía atada a mi brazo. “Que suerte la mía”.
Me incorporé y escuche que mi rescatísta me decía algo pero no le podía escuchar.
Pasaron 4 intentos y no logré conseguir agarrarme al “salvavidas”. Casi con un último aliento, estiré la mano y pude sostener la tapa de la poceta. Me metí en ella como si fuera un salvavidas de verdad de los inflables que usan los niños.
Pasaron unos segundos y sentí que me halaban fuera del agua. Agarré la cuerda que tenía amarrada en la mano y me liberé. Comencé a subir.
Cuando llegué arriba, escuchaba una risa de felicidad, pero no ubicaba a mi rescatista.
La risa se hizo llanto, y una voz entrecortada por las lágrimas me preguntó si estaba bien.
Respondí riendo y casi llorando también: Para haber nacido hace treinta segundos, estoy muy bien.
El desconocido me dijo aclarándose la voz; si hermano, realmente acabas de nacer, hasta desnudo estas como un bebé. Señalando mi desnudez que me había proferido el agua al bajarme los pantalones hasta el tobillo.
Con un poco de pena, me subí los pantalones y fui al encuentro del desconocido que me estrechó la mano y se presentó como Melchor Rodríguez.
- Jorge García, agradecido de por vida-. Le contesté.
3
Mis manos estaban pastosas por la sangre que tenía luego que la cuerda se me resbalara dos veces cuando intentaba subir a Jorge. Pero el esfuerzo había valido la pena.
Una precaria luz llegaba de algún escape de gas que había quedado expuesto del apartamento de al lado, iluminaba momentáneamente el encuentro.
Le pregunté a mi nuevo amigo que había pasado.
-¡El cerro se cayó chamo!, la montaña se está desmoronando y llevándose todo a su paso.
Esas palabras confirmaron el peor de mis temores. Lo que había pasado solo era el comienzo, pensé yo, la peor desgracia que había pasado en La Guaira, no en el país.
Jorge pese a haber salvado su vida, su expresión era más profunda. El motivo era que se encontraba cerro arriba con su familia y había bajado al carro a buscar el peluche de perro de su hijo, cuando el agua lo arrastró.
Su familia según él, se encontraba segura porque estaba en un piso 11. Pero la incertidumbre sobre el paradero de su esposa e hijo, lo estaba matando.
Le dije; - No queda otra, vamos a buscarlos-. Pero mi frase se cortó por un nuevo temblor que hizo que nos vieramos a los ojos, anticipando lo que iba a ocurrir a continuación.
4
El caudal esta vez fue inclemente con las pocas cosas que quedaban en pie. Vi como lo que quedaba del edificio era destrozado por las enormes piedras que arrastraba el alud.
Salimos aparatosamente de la parte de mi casa que quedaba en pie buscando la salida.
La puerta y la reja que estaban cerradas, se convirtieron en una especie de trampa mortal, ya que con el temblor y los continuos golpes de las enormes piedras, ambas se descuadraron prohibiéndonos la salida.
Ambos usamos todas nuestras fuerzas, pero fue en vano. Ya estaba resignándome cuando Jorge me dijo ¡La ventana chamo, la ventana!.
Sin pensarlo, traté de levantar el seguro de la ventana, “para no quebrarla”. También estaba descuadrada, me giré a ver a Jorge, pero en ese momento sentí que pasó algo volando cerca de mi cara, y sentí como partes del vidrio que caían al piso, pegaban en mis pantalones.
- Después me pasas la factura por el vidrio-. Dijo Jorge encogiéndose de hombros y terminando de sacar los pedazos del cristal roto con el martillo de la cocina.
El panorama no fue muy satisfactorio. Las agua comenzaban a subir y las piedras que bajaban del cerro, cada vez lo hacían con más abundancia. Nos tomamos de un tubo que subía a la terraza y comenzamos a subir.
5
María Francia solo le dio tiempo de agarrar la foto de su mamá antes de que el techo cediera. Salió de su casa y al voltear después de correr unos 10 metros, pudo ver como el río se llevaba las cuatro paredes de su rancho.
Corrió y fue a buscar a Maikel. Su novio o por lo menos eso era lo que decía todo el mundo en el barrio.
Pero la casa de Maikel ya no estaba en su lugar, ni las de sus vecinos. Solo había una gran caudal de agua que bajaba con una fuerza enorme y un rugido ensordecedor.
-Hoy nos morimos, Dios mio, no nos lleves!- dijo sobándose el vientre donde se encontraba su hijo de 4 meses de gestación y de padre en fuga.
¡Mary, Mary, mira la pared del abasto se cayó, podemos agarrar todo lo que queramos! Dijo una voz lejana que hizo girar a María Francia a donde se encontraba el minimercado Azores.
Se trataba Juan José, el delincuente de la zona que aprovechaba la tragedia para seguir con sus fechorías.
María negó con la cabeza y le pidió que la ayudara a salir de ese lugar. Pero Juan José lo que hacía era tomar botellas de licor, abrirlas, beber un sorbo y tirarlas contra la pared. Con la última trastabilló y cayó sentado riendo.
Para María no era muy difícil salir de esa zona ya que sabía
exactamente todos los caminos del barrio para evitar ser atracada o violada. Y se puso en marcha.
6
-¿Que vamos a hacer Jorge? No se ve nada y a menos que tengamos una lancha no podemos subir de aquí a donde está tu familia-. Me dijo Melchor.
Sin embargo la ansiedad de no saber nada de mi esposa y de mi hijo, me hacían ver visiones. El edificio donde habíamos pasado nuestras vacaciones siempre antes de la llegada de Diego, no se podía ver por la oscuridad ni la lluvia. Pero yo lo veía en pie y en perfecto estado.
- Bueno, será mejor que esperemos aquí. No creo que podamos hacer otra cosa, Melchor, porque ni hablar podemos con este ruido-. Le dije pero mi amigo estaba buscando algo entre sus bolsillos…
-Espero que te sepas el número de tu mujer de memoria, ¡llámala!-. me dijo ofreciéndome su teléfono celular.
Tapé el celular rápidamente de la lluvia, y marqué.
7
La angustia era demasiada, y no sabía que hacer. El ruido y la lluvia parecía que estaban por todos lados. Y este teléfono no fuenciona, todo lo que llamo suena como si estuviera fuera de servicio.
Sonó y vibró el teléfono.
- Alo, alo…
- Antonia es Jorg… est bie… no te mu..vas yo te ..y a ..car. La mon..ña … cayó. Se ca.. la mont..
Y después pura estática.
Todo el contenido de mi estomago hizo una rápida carrera al exterior. Me sentí igual que al principio de mi embarazo. Jorge estaba vivo. Por fin sabía de el pero eso de la montaña, no lo entiendo, el temblor…
Me asomé al balcón y pude ver como las piedras chocaban contra los pisos inferiores del edificio y el río que se había llevado a mi esposo seguía creciendo cada vez más. ¡Pero estaba vivo!
Diego lloraba, solo tenía 14 meses pero lo abracé y le dije; Ya viene papá. Pá va a venir a sacarnos.
8
Pude hablar con ella. Si, ella esta bien y sabe que vivo, ella vio cuando el río me llevó a mi y a la camioneta. El grito de ella fue indescriptible. Me veía por el balcón.
- Lo que queda es esperar que amanezca. Si salimos de aquí nos vamos a desgraciar más de lo que estamos Jorge-. Dijo Melchor.
Mira vamos a ver como podemos ayudar a los que quedan en el edificio ¿te parece?
9
Dios, ese día o mejor dicho esa noche pensé que nunca iba a acabar. El sol o el alba no hicieron parición hasta más allá de las seis y media de la mañana. Seguía lloviznando pero el ruido de todo lo malo ya había terminado. Me levanté de mi refugio y pude ver a Juan José apuñaleando a un hombre que trataba de entrar a una casa.
- El infeliz me siguió, la hierba mala no muere-. Me dije para mis adentros.
Vi como aquel pobre hombre gritaba y se retorcía agarrandose el vientre. El malandrito solo reía y lo pateaba burlándose de el.
Cuando me agaché no pude dejar de gritar.
Una mano salía de una ventana con garrotes y la mueca de la mano era de desesperación.
10
Todos mis vecinos muertos, no lo podía creer, hasta la vieja del piso 4. ¡TODOS MUERTOS! Casi todos muertos por el miedo, menos Fabian el gallego que prefirió ahorcarse.
- Mi familia me creerá muerta también ¿no crees?-. Le pregunté a Jorge.
- No creo, eres un tipo fuerte y tu familia debe saber eso. Vamos a buscar a mi familia-. Me dijo Jorge quitándose con la mano el agua de la lluvia que todavía caía.
-Si es mejor que nos vayamos-. Le dije y comenzamos a bajar.
11
Cuando bajamos a la calle, no había sido el Apocalipsis lo que había pasado en La Guaira. Había sido peor. Los caballos de los jinetes del Apocalipsis, habían machacado todo. Unas 60 casas desaparecidas. Edificios de tres pisos, en ruinas. Y seguían bajando ríos y ríos de lodo, palos y piedras. Lo único que quería era no tener que cruzar aquel caudal de muerte.
Pero empezamos a subir la montaña, como dos gigantes truchas, pero por tierra, luchando contra lo poco que quedaba de aquella ciudad.
Habían pasado más de dos horas de caminata cuando vimos algo que se movió. Era un perro. Un perrito de esos “cacri” beiges, (callejeros criollos).
Cuando nos vio, salió corriendo en nuestra búsqueda. Estaba mojado y temblando. Lo supe cuando se me lanzó encima lamiéndome y llorando.
-Creo que somos a los primeros que ve.- dijo Jorge.
-Y nosotros a el, le respondí -. Ya teníamos un nuevo compañero para nuestra travesía. El perro comenzó a oler mi bolsillo. Saque el paquete de galletas hecha polvo, se la abrí y comió todo.
Al terminar la galleta nos miró e hizo ese gesto de los perros como de sonreír.
Nos pusimos en marcha pero el perro comenzó a llorar.
- Amiguito, nosotros vamos para arriba-. Le dijo Jorge. Pero el can metió la cola entre sus patas y se inclinó.
Seguimos. El perro más adelante nos alcanzó.
12
Mi desgracia se hizo mayor cuando Juan José se acercaba a mi.
- Ahora vas a ser mía. Maikel no existe y yo voy a ser tu hombre ahora-.
Cerré los ojos y le pedí a Dios que me ayudara, que no dejara que nos pasara nada ahora que me había salvado.
- ¡Vas a saber que es estar con un hombre de verdad!-. Gritaba quien iba a ser mi verdugo.
- ¡NOOOO! DIOS MIO AYUDAME grité.
Escuchaba las pisadas en los charcos cerca de mi, y el ruido que hizo su cuerpo al brincar el muro que me separaba de toda la desgracia que estaba fuera de mi refugio.
13
- Chama dame la mano, rápido que eso se va a caer-.
- No mires para abajo, solo danos la mano. Le gritaba Melchor a la joven acurrucada en la esquina y con la cabeza metida entre las rodillas. La joven con los labios morados, levantó la cabeza y vio a su alrededor. Extendió la mano y la subimos, y escuchamos otra voz.
- Gracias, dios los bendiga, gracias por salvarnos-. Nos dijo la muchacha.
- ¿Salvarnos? ¿Quién más queda?, se escucha otra voz. Pregunté.
La joven dijo que había un muchacho por ahí que la quería violar pero no sabía donde se había ido.
- Seguro cayó a la casa esa, mejor nos vamos, estamos en el techo de una casa. Si es un violador, es mejor que lo dejemos ahí-. Dijo Melchor.
Le pregunté que si no lo ibamos a salvar. Y me respondió algo muy sabio.
- Si apenas sobrevivimos, y este fulano lo que quería era hacer el mal, que la naturaleza se encargue de el. No estamos para hacer actos heroicos por gente que no vale la pena y que al final nos va es a joder, así que vamos que hay que buscar a tu familia, no veamos atrás-.
Ninguno dijo más palabra. Seguimos caminando.
14
Aunque me habían salvado y tenían un perro con ellos mi confianza me hacía dudar. Les insistí varias veces que la mejor vía era la costa. No teníamos que hacer nada en la montaña, pero Jorge tenía que ir a buscar a su familia.
No me quedó otra que seguirlos. Me aterraba la idea de devolverme sola y encontrar otro hombre que quisiera violarme y hacerle daño a mi bebe que llevaba dentro.
Pensaba en el hueco que había caído Juan José. Poco a poco se iría llenando de agua y barro hasta darle una tumba perpetua. Los gritos que pegaba cuando lo abandonamos todavía resonaban en mi cabeza.
15
El edificio donde estaba Antonia y Diego, la familia de Jorge solo se veía a doscientos metros. Pero con un gran obstáculo, El Río.
Era lo único que no queríamos que se nos atravesará. Pero la mirada de Jorge era perdida, y cuando vió que desde el balcón su mujer lo saludaba con una sábana, apretó los dientes.
- Tengo que cruzar esa vaina. Tenemos que hacerlo-. Nos dijo.
Vi a Mary Francia y supe que íbamos a cruzar el río. Ella también tenía la mirada fija.
El perro ladró y salió corriendo en dirección contraria al río. Le grité a los muchachos que siguiéramos al perro, y justo cuando nos subimos al techo de lo que antiguamente era una panadería, una ola de piedras cayó enfrente de nosotros.
16
Las piedras y el lodo habían creado una especie de dique que solo dejaba unos dos metros de separación la otra orilla.
Jorge salió corriendo, Mary lo siguió y yo después. Jorge de un brinco llegó al otro lado, Mary también y yo caí en el barro. Cuando me iba a incorporar sentí que sobre mi cayó un peso que me hizo enterrar la cara en el barro. Era el perro. Subimos rápido de la rivera de mortal ruido sin antes resbalarnos. Y escuchamos una explosión.
17
Jorge cayó en el piso gritando y tomándose el vientre. Busqué a María Francia y estaba corriendo. El perro también corría y giré en dirección al dique.
Era el hombre que habíamos dejado en la casa abandonada.
- El violador, se salió -. dije.
El muchacho venía corriendo hacia mi esgrimiendo una pistola y disparando, contra mi. Lo que hice fue taparme la cara con los antebrazos.
18
- Déjalos en paz imbécil, tu me quieres es a mi-. Gritó María Francia desde atrás de una gran piedra, mientras se dejaba al descubierto.
El pequeño hombrecillo detuvo su carrera a cinco pasos de mi, antes de saltar el pequeño espacio que nos separaba.
- Bueno dense por muertos, porque a mi me abadonaron. Ahora yo los mato a todos-. Dijo mi verdugo que levantaba el arma y poco a poco la bajaba para apuntarme mientras cerraba un ojo.
Yo me resbalaba por la pendiente del río y clavé las uñas, cuando sentí que la tierra se desmoronaba y comenzaba a temblar.
- Muérete-. Gritó María Francia.
Yo sabía que venía, y me aferré a una raíz que sobresalía, mientras miraba al hombrecillo que era arrastrado por otra ola de lodo y piedras.
19
Jorge estaba herido, y todo por mi culpa pensé. Melchor el perro y yo lo fuimos a buscar mientras escuchábamos los gritos de su mujer que estaba en el balcón.
- Jorge, Jorge perdón, no quise hacerlo-. Le dije.
Jorge estaba tirado en el suelo lodoso viendo a su esposa y riendo.
Melchor, me abrazó y me dijo que me calmara.
- Jorge está bien, solo tiene esquirlas de la piedra donde pegó la bala. Aquí no es como en las películas, que las balas rebotan, la bala se metió en la piedra y soltó esquirlas-. Me dijo Melchor.
Ayudamos a Jorge que tenía una esquirla de piedra metida en la rodilla y finalmente llegamos a donde mi comadre Antonia.
20
Luego de 4 días cuando se acabaron las provisiones de comida de la casa de Jorge, caminamos a la orilla de la playa donde había un buque de la Armada venezolana que nos llevó a Puerto Cabello y de ahí regresamos a Caracas.

21
4 meses después y a más de 500 kilómetros de La Guira, unos pescadores sacaron varios cuerpos del mar, entre ellos el de Juan José.
Ahora vivo en Coro, cerca del desierto y lejos de cualquier montaña. Jorge sigue trabajando en Caracas viviendo con su esposa y Diego.
María Francia dio a luz un precioso bebé al que llamó Jesús y al poco tiempo nos casamos. Ahora ella espera una niña. Al perro le pusimos León, y el año pasado murió de viejo y feliz.
Todos los años, en diciembre nos reunimos a celebrar nuestro cumpleaños porque ese día volvimos a nacer todos.
Y esa es mi historia.
David Rosas Cs, 01/04/2007

lunes 13 de agosto de 2007

El Teleférico Fantasma

Si yo se que existen películas como El Barco Fantasma, El Carro Fantasma, etc deberíamos ver si alguien se escribe un guión para una película para el tramo Humbolt-El Cojo donde se pueden ver imágenes como esta a continuación cortesía de Rubén Cammalleri en su última visita a Avila Mágica.


Tiene un sin fin de fotos de alta resolución de las estaciones El Iron (cercana al Hotel El Humbolt) y la segunda sub estación llamada Lomo de Caballo.


Lo más impresionante son dos cosas, que hasta el momento se mantenga el sistema sin ningún tipo de mantenimiento (lleva más de 40 años cerrado y tiene la costa caribeña y su salitre a unos pocos kilómetros), además de haber sobrevivido la tragedia de Vargas del 99. La segunda cosa sorprendente es que todavía este flotando uno de los antiguos vagones de ese sistema que era parte del tramo Humbolt-La Guaira.


Más impresionante sería que dentro del vagón si algún día llegasen a movilizarlo a donde se pudiese ver su contenido, es que se consiga "algo".


Se que ese "algo" es muy morboso, pero sería interesante sea lo que se consiguiese en el dichoso vagon y las historias que se pueden generar a consecuencia de ese tramo abandonado.


Se que el autor de las fotos está empezando a organizar una excursión, ¿quién se apunta? Yo ya lo hice

viernes 27 de julio de 2007

El gato de un geriátrico presiente quién va a morir en horas

La información hace que uno afirme lo que dice Constantin en la película homónima, cuando agarra el gato, mete los pies en la ponchera con agua y dice: Los gatos, me gustan, la mitad de aquí, la mitad de allá.

CHICAGO (Reuters) - Cuando Oscar visita a los residentes de un geriátrico en Rhode Island (EEUU), el equipo sanitario entra en acción porque el gato puede sentir cuando alguien está a punto de morir.
En sus dos años en la unidad de demencia terminal, Oscar ha estado en la cabecera de más de 25 residentes que murieron poco después, según el doctor David Dosa, de la Universidad Brown de Providence.

El médico escribió sobre Oscar en la Revista de Medicina de Nueva Inglaterra.

"No es que el gato aparezca siempre primero", dijo la doctora Joan Teno, que ve a los pacientes en la unidad. "Pero siempre se las apaña para aparecer, y siempre suele hacerlo en las dos últimas horas (de vida)".

Criado en la residencia desde que era un cachorro, Oscar a menudo pasa control a los residentes, pero cuando se le eriza el pelo durante una visita, los médicos y enfermeras saben que es hora de llamar a los familiares.

"No creo que sea un gato con poderes", dijo Teno. "Creo que probablemente hay una explicación bioquímica", dijo en una entrevista por teléfono.

Aunque los animales domésticos se utilizan normalmente para llevar tranquilidad y sosiego a los ancianos en las residencias, el talento de Oscar es especial, aunque no insospechado.

"Eso es algo muy de los gatos", dijo Thomas Graves, experto en felinos y jefe de medicina de animales pequeños en la Facultad de Medicina de la Universidad de Illinois.

Graves dijo que no había pruebas que sugiriesen que los gatos pueden sentir la muerte, pero no lo descarta ni por un momento.

"Estas cosas son difíciles de estudiar. Creo que probablemente perros y gatos pueden sentir cosas que nosotros no podemos", dijo.

En una ocasión en concreto, relatada por el doctor Dosa, Oscar se colocó al lado de la cama de un paciente en la habitación 313.

Su presencia hizo que el personal comenzara a llamar y a establecer una vigilia.

Cuando un nieto preguntó por qué estaba el gato allí, su madre le explicó: "Está aquí para ayudar a la abuela a ir al cielo", según el relato de Dosa.

Media hora después, la abuela murió.

Fuente

martes 24 de julio de 2007

Zona Negra parte VII (Conclusión)

Finalmente me decidí a publicar la última parte de este primer capitulo de mi libro. Espero que disfruten lo mismo que yo disfruté escribiendo, cosa que todavía continuo haciendo. Más adelante les informaré sobre el avance de la obra.

Saludos

Primeros episodios del Primer Capitulo I II y III IV V VI


ZONA NEGRA VII (Conclusión de la primera parte)

Críspulo y yo bajamos, llegamos a la entrada del Avila, justo donde nos había dejado mi esposa horas antes. Parecía que el tiempo no había transcurrido ya que el clima se mantenía igual como cuando llegamos.
Comenzamos la caminata a la civilización, bajamos por la avenida Marqués del Toro, ya empezando la noche.
Unos escoltas que vigilban la sinagoga que queda en esa calle se pusieron alerta al observarnos, pero después de detallarnos simplemente nos observaron y uno hasta nos saludó.
Le comenté a Cris que nos refugiáramos en el Hotel El Avila, a pocos metros de donde caminábamos para llamar a mi esposa que debería estar al borde de un ataque por mi larga ausencia. El me dijo que iba a proponer lo mismo.
Intenté de nuevo con el celular, pero parecía muerto, cosa que levantó mis sospecha sobre la planta eléctrica custodiada por civiles “supuestamente” y habían logrado desarmar y desconfigurar nuestros equipos electrónicos de una manera tan profesional. Pero no importaba, ya esas dudas se aclararían después.

Llegamos al Hotel Avila e inmediatamente le pedimos al concierge que nos facilitara un teléfono. Mi compañero solicitó el bar y nos pusimos en marcha, el joven moreno de la recepción nos dijo que en el bar había un teléfono y el vendía las tarjetas telefónicas “caleta”.

Yo llegue al bar e inmediatamente llamé a mi esposa que atendió preocupada, después de casi dos minutos de regaños. Le pedí que me fuera a buscar. Colgué y me acerqué a Crispulo.

-¿Qué pasó? Esa cara de consternación no es muy típica en ti-. Le dije dándole una palmada en la espalda.
-Casi nos matan y no conseguimos nada de lo que vinimos a buscar. Las fotos del muchacho ese de Lídice que usted me enseñó sirvieron de nada.

Mi amigo se refería a unas foto que le mostré días atrás para convencerlo. Le había enseñado un juego de fotos que habían tomado dos amigos desde Altos de Lídice y desde La Pastora, mostrando extrañas luces en el Avila.

-Además a ese Sánchez su paso marcial lo delató como militar, y pude sentir el miedo que nos tenía por solo haber llegado a ese lugar. Imagínate que ese tipo de verdad hubiese tenido orden de matar y después arrojar nuestro cuerpo en la cota mil como un ajusticiamiento.

-Lo bueno es que la estamos contando y ya mi esposa viene a buscarnos. Además aclaramos muchas cosas, como por ejemplo esa de la planta eléctrica-. Le dije sin ni siquiera yo estar convencido.

- ¡La planta eléctrica!, esa es una buena historia para usted ¿no?.
-Si, ya vengo voy al baño pídeme uno de esos para mi-, señalando el vaso que bebía Crispulo mientras me paraba de la mesa.

Camino al baño habían varias personas en las mesas y en la barra, todos vestidos formales, hasta las mujeres. “seguro se trata de una convención de algo”, pensé. Y mi suposición se hizo cierta cuando vi en uno de los maletines que decía algo así como Jornadas nacionales de derecho penal…

Al entrar al baño saque inmediatamente el papel que me había dado Guerra y traté de memorizarlo. Como no confío mucho en mi memoria, abrí una de las puertas donde están las pocetas y me senté. Levanté el pantalón y con el bolígrafo que llevaba en uno de mis bolsillos escribí los números en mi pierna.
Me cercioré que fuera correcta la información y guardé el papel doblado en el bolsillo de la camisa.

Cuando caminaba hacia Crispulo, un hombre trajeado de azul marino hablaba con mi compañero, al verme paró la conversación y esperó que llegara.

-Buenas noches, disculpen la molestia pero soy abogado que está en la convención y le estaba pidiendo al señor aquí si nos podía prestar esta mesa para sentarnos todos juntos-, señalando un grupo de 6 personas al final del bar.

Le di mis disculpas pero ya estábamos por irnos y el mesonero en ese momento llegó con una botella de Vat 69 y me sirvió un trago. El abogado ni se despidió y se fue.

-Todos son iguales, se creen Dios porque saben un poco de leyes-. Increpó Crispulo
-Yo estoy muy cómodo aquí y no pienso salir de aquí por un niño que quiere beber con sus amigos.

-Disculpe y que le dio el señor, porque vi cuando se despidieron que le pasó algo en la mano y después te lo metiste en el bolsillo. 25 años como Guarida Nacional y el ojo se le entrena a uno.
-Coño Crispulo no se te escapa nada-, le dije sonriendo mientras sacaba el papel de mi bolsillo.- Me dio eso pero son un poco de números que no entiendo.
- Parecen ser unas coordenadas pero yo no se mucho de eso.

Y en cuestión de fracciones de segundo se metió el papel en la boca lo masticó y botó una pelota toda húmeda sobre la mesa.

-Disculpe pero yo hasta aquí lo acompaño y es mejor que deje usted eso así, y no se aventure a nada más.

-¿Pero que haces?¿te volviste loco? No sabíamos que era eso que nos dio Guerra y ahora tu lo destruiste, de verdad no entiendo que carajo te pasa-. Le grité- Creo que contigo fue debut y despedida, pensaba que podía confiar en ti y hacer un buen tamdem para mis investigaciones, pero ya veo que tantos años en el Guardia Nacional te volvieron como loco, paranoico o que se yo…

-Después de lo que pasó en la montaña, no lo acompaño más, además usted me contrató para acompañarlo y también para cuidarlo porque un civil cuando contrata a un militar es porque necesita protección, porque ustedes los civiles no tienen idea de los peligros…

-¿Civiles? Tu no eres sino un viejo retirado y sigues hablando de “civiles”. De verdad Crispulo, confiaba en ti pero ya veo que nada que ver, esta sociedad se acabo aquí, llama al mesonero para pagar esta vaina y esperar que mi mujer nos venga a buscar. Te dejo en tu casa y chao contigo…

-No se preocupe por mi, yo estoy bien, y ahora se que usted estará bien. Yo llamo a un taxi, y por la cuenta la pago yo. Pero quédese un rato más para conversar

-Que conversar nada, yo me voy de aquí y no me vuelvas a llamar, no hay más trabajos para ti de mi parte. Ojala te vaya bien en tu vida de “civil”.

Me levanté y salí sin voltear para atrás. Salí del hotel y me puse a esperar en la puerta junto al doorman mientras llegaba mi esposa. El muchacho de la puerta me pidió que esperara dentro del lobby mientras me tomaba el trago, que no me acordaba que tenía en la mano.

Mi esposa llegó a los 30 minutos, del vaso de güisqui solo quedaba las burusitas negras del hielo. Ella al llegar hizo cambio de luces y me monté.

Durante el trayecto le comenté lo que nos había pasado durante el día, bueno no todo para no ponerla más preocupada, pero igualmente se preocupó.
Al llegar a casa, saludé a los niños, me metí en el estudio y escribí los “números” en un papel. Después me encerré en el baño y me di una ducha tibia por casi 15 minutos.
Mi esposa se había acostado porque el bebé se había despertado y me escurrí al estudio, prendí la computadora y abrí el google eartht para buscar lo que presumía yo que eran unas coordenadas.

Luego de un rato de búsqueda marque el punto y levanté el zoom, ¡era en Guárico! Se veía como una especie de pista improvisada o no asfaltada y unas estructuras grandes como especies de galpones. Lo extraño era que no era nada cerca de Tucupido, lugar donde supuestamente se registró actividad Ovni en el país recientemente. Pero fue un gran descubrimiento, hasta que mi esposa me asustó y me llamo a la cama. Desconecté el cable de Internet y apagué el monitor.


Crispulo levantó la mano y el mesonero trajo otro trago. El joven que anteriormente le había pedido la mesa, se sentó:
-¿Y que descubrió el periodista? Dijo el hombre trajeado
-Conseguimos “La Planta” pero aparte de eso nada más, solo que un estúpido llamado Guerra le entregó unas coordenadas en un papel pero aquí están-. Señalando la bola de papel entre sus dedos, dijo Crispulo.
-Bueno señor usted tiene que ir a donde el comandante a explicar todo mientras yo me encargo de ese Guerra de mierda. Cree que tiene el poder de Dios.

Esa noche Críspulo entro a la Comandancia General de la Armada por la entrada junto a la puerta de la Universidad Nacional Abierta dentro de una camioneta rústica. Fue dejado en el estacionamiento y bajó hasta el sótano 3. Se cambió y se durmió en la litera asignada para el esa noche.
A la mañana siguiente al toque de diana se despertó, se aseó y se uniformó. Tomó el ascensor y se sentó en la sala de espera del Comandante a las 7 am.
Ese día el militar de alto rango llegó a las 8 en punto, Crispulo se levantó, saludó y el comandante le hizo señas que lo siguiera.
La asistente del Comandante, entendió que su comandante quería privacidad, se levantó de su escritorio con su blanco uniforme, se puso el cinturón, revisó su 45. La guardó en la funda blanca de patente y le dio la espalda a la puerta.



Al dia siguiente mi esposa me mostró todos los mensajes con las coordenadas que le había mandado el día anterior. Le di un beso y le agradecí en el alma que todavía las mantuviera o existieran. Ese día me reclamó y me pidió salir en familia, yo accedí y fuimos a El Recreo.
Aproveché y me llevé mi celular y el reloj GPS a que reprogramaran ambos. El reloj solo necesitaba pilas. Al celular el muchacho de Movilnet me vio con una cara cuando le dije que me había puesto a jorungarlo y se desprogramo. A la media hora ya tenía funcionando ambos.

Cuando prendí el celular, tenía 35 mensajes de texto nuevos. Cuando me disponía a revisarlos mi esposa me dijo para almorzar y eso hicimos.

En el restaurante, pedimos una pizza familiar. En ese momento se apareció Rubén “El Chino” Primo de mi esposa con su novia. Los invitamos a compartir la mesa.
Rubén quien sabe de mis investigaciones, me preguntó por ellas, yo le dije que necesitaba que me hiciera un favor. Que volara virtualmente por unas coordenadas que le iba a dar.

Después del almuerzo “calabazas”. Al llegar a mi casa me conecté y me puse en línea con El Chino. Le di las coordenadas y levantó vuelo en el simulador.
El Chino es la persona que conozco que tiene más mapas y escenarios para los simuladores de Microsoft Flight Simulator.

-Aló Chino, ¿qué conseguiste? – le pregunté
-Bueno, ¿Cuando nos vamos para Valle de La Pascua? Si vieras lo que acabo de descubrir en el vuelo que acabo de hacer-. Su voz sonaba muy excitada-. No se si es un error en el simulador pero no creo, pero por ahora planifica para irnos para Guarico, Valle de La Pascua, Santa Maria de Ipire y Ciudad Bolívar…

-¿Ciudad Bolívar? No se de que hablas, lo coherente es Guarico pero Ciudad Bolívar no se…

-Voy saliendo para tu casa y hablamos, no se de donde sacaste esas coordenadas o quien te las dio, pero es una Zona Negra.


Próxima entrega: Guarico

lunes 16 de julio de 2007

Zona Negra parte VI

Viene de la parte V

ZONA NEGRA VI

Cuando regresé del viaje obligado de la inconsciencia, abrí los ojos y todavía con el dolor de cabeza, vi a mi alrededor.

Estaba en una especie de sala con las paredes de cerámica blanca al estilo de un baño. Pero al parecer era una enfermería; por el botiquín de primeros auxilios que estaba pegada en la pared, rotulado a pincel y con una fuente o tipo de letra cursiva.
Me encontraba acostado sobre una camilla de vinil verde fría y dura. No tenía ni una telita ni sabana ni nada.

Bueno lo único que podía pensar era que estábamos presos pero ni pistas de mi compañero.
Eso si, nuestros captores no habían dejado nada en mis bolsillos, ni muñeca. Mi reloj había desaparecido y todo mi equipo. Bueno sería ahora posesión de mis captores y seguro terminaría en la casa de alguien.

Mi primera preocupación era el hecho de ser prisioneros de alguien que no sabía quien era, la segunda era si podía salir con vida y la tercera era donde estaba Crispulo. Y la primera estaba a punto de ser develada, cuando escuché el movimiento de la puerta que estaba a mi derecha.


La manija bajó y entraron dos hombres. Uno vestido como los antiguos uniformes de Policaracas, camisa caki y pantalón verde, de delgados bigotes negros. El segundo hombre, imagino que de más jerarquía, con un pantalón negro, camisa blanca y una especie de chaquetilla.

-Ya despertó. Es bueno, nos asustamos porque Sánchez no está acostumbrado a tener que hacer uso de su cargo de jefe de seguridad y en usted vio la primera oportunidad. ¿Verdad Sánchez?

-Cierto, disculpe el golpe-. Dijo Sánchez. Asentí con la cabeza e inmediatamente se dio media vuelta.

-Ahora me podrá explicar usted que será lo que hace por estos lados y como llegó hasta aquí? Por cierto me puedes llamar Señor Guerra.

-Bueno señor Guerra, es una historia muy larga, pero se la voy a tratar de resumir. Soy periodista e investigo fenómenos sobrenaturales como ovnis, fantasmas y demás. Había escuchado sobre una supuesta base militar escondida en el Avila y me puse en marcha.

-Lo único bueno que te puedo decir es que eres el primero de los curiosos que llega a esta parte de la "base" oculta. Lo malo...-. En ese momento abrió la puerta un hombre con blujeans y camisa azul clara.

-Guerra lo solicitan en control maestro. URGENTE.

Sin mediar palabras Guerra me lanzó una mirada y salió. ¿Control Maestro? ¿Urgente? Si esa era una base militar, algo estaba pasando porque lo llamaron urgente.
Pasaron minutos o quizás horas, no lo sabía porque me habían quitado mi reloj, hasta que volvió a entrar Guerra en el cuarto.

-Bueno como le seguía diciendo, si esta es una base secreta, pero no militar sino más bien civil-. Algo no auguraba buen futuro cuando el señor me dijo lo de "secreto"-. Amigo pero lamentablemente no creo que consiga nada por lo que vino aquí. Si quiere le puedo mostrar las instalaciones para que usted compruebe con sus propios ojos y saque su veredicto.

-¿Y Crispulo donde está? inmediatamente le pregunté.

-Ahora no nos conseguiremos con él. Está bien, no le ha pasado nada, usted como que fue el más afectado.- dijo señalándome la cabeza.


Salimos del cuarto que pude ver claramente que si se trataba de la enfermería por su aviso arriba de la puerta y perpendicular para los que caminaran por el largo pasillo pudiesen ubicarlo.
El pasillo era del mismo estilo que un hospital, con cerámica azul hasta un poco más arriba que los mangos de las puertas, el techo blanco y las luces de tubos fluorescentes.


-Esta instalación se construyó hace más de 40 años, durante el gobierno de Pérez Jimenez. Aquí hay equipos que si quieres catalogar de militares, lo puedes hacer-. Abrió una puerta donde había un equipo que parecía un transmisor de onda corta y otros más que tenían ya sus marcas por los años-. Pero lamentablemente para tu investigación, nada de material contemporáneo.

-¿Y entonces de que sirve esto o para que sirve y por qué sigue estando en funcionamiento? - pregunté mientras mi "anfitrión abría una puerta donde se escuchaba un fuerte ruido de maquinaria.

Detrás de la puerta había una gran cueva, el olor era similar a un huevo podrido. Uno no, mil huevos podridos. Llegamos a una especie de balcón y me señaló hacia abajo. Cuando le fui a preguntar, me hizo señas que habláramos afuera.

Debajo de nuestro balcón habían tres grandes aspas que giraban a consecuencia de un vapor y de un calor que pude sentir rápidamente. Las aspas eran de un metal amarillo ya opaco.
Cuando salimos, Guerra me explicó que se trataba de turbinas para generar electricidad.


-Venías a buscar hombrecitos verdes y te conseguiste con una planta eléctrica. Bueno te explico: esta planta electrica la mandó a construir Peréz Jimenez como una alternativa eléctrica, el tipo era un militar y pensó que Caracas ni los puntos estrategicos se pueden quedar sin luz y menos si dependen de una sola planta eléctrica.
-¿Y de donde viene el vapor?-. le pregunté.
-Se trata de un volcán algo medio inactivo pero volcán al fin. Unos alemanes en aquella época vinieron a hacer estudios para ver si lanzaban un túnel para La Guaira y se consiguieron con este descubirmiento. Le informaron al gobierno e inmediatamente comenzaron las investigaciones para ver si era peligroso y concluyeron que no y pensaron que se podía usar esa energía. Los especialistas venezolanos y alemanes coincidieron que por medio de aspas generadoras se podían obtener electricidad.

-Pero nadie sabe nada del volcán. Siempre se ha hablado de un volcán en el Avila, pero nadie ha dicho nada hasta ahora-. Hice una pausa y le pregunté -¿ y como hacen con el olor, azufe no?
Me señaló que tenían un sistema de ventilación del año 50 que se encargaba de filtrar el azufre y disimular el olor. De lo demás se encargaba los árboles.

-Uno de los motivos que se mantiene secreto, aparte de situación estrategica, es porque las aspas son hechas con una aleación de aluminio y oro. El oro para que el azufre no las deteriore y el aluminio para que pesen lo menos posible. Si se fueran a comprar ahorita, valdrían millones de dólares.

En ese momento hicimos una pausa de la caminata por el pasillo. Guerra abrió un puerta y entramos a un salón con muchos tableros de control.

-Este es control maestro. Aquí mandamos o "surtimos" de electricidad a Miraflores, Banco Central,sin que lo sepan, el teleférico y otros edificios críticos de la ciudad. Aquí tenemos personal técnico militar y unos pocos civiles. Ya sabes, medidas de seguridad, pero nada que ocultar. Algún día esto se va a hacer público, cuando terminen la sustituta de esta pero por los momentos-. Me dio una palmada en el hombro- esto todavía seguirá siendo un mito.

Salimos del cuarto cuando pude ver que Crispulo venía en dirección nuestra, escotado por dos obreros.
-¿Saben que es un delito tener armas de fuego en parques nacionales?-dijo Guerra viendo a Críspulo, quien agachó la mirada.

-Si esto fuera una base militar secreta y hubieses sacado el arma como lo hiciste, estarías muerto, así que por favor, menos mal que yo estaba aquí y no los muchachos solos. Y por cierto la visita se acabó aquí. Si quisiera buscar ovnis y extraterrestres yo buscaría en Guárico.

Me dio la mano, se dio la vuelta y comenzó a caminar por el pasillo de las puertas. Puso la mano en una de las perillas de la puerta, se volvió hacia nosotros:

- Señores lo lamento pero tengo mucho trabajo. Y recuerda lo que te dije, Guárico. Y cuando quieras puedes volver pero antes tienes que anunciarte-. hizo el gesto de tocar la puerta.-
Sánchez les devolverá todas sus pertenencias y les mostrará la salida-. Saludó con la mano y desapareció detrás de la puerta.

-Bueno señores, aquí se acabaron los modales. Ahora estoy al mando yo y se me van a ir pa la mierda ya. Si no fuera por Guerra, ahora estuviera cavando par de huecos para meterlos. Aquí nadie viola la seguridad y la vienen a violar ustedes en mi turno. Y esa vaina la van a pagar caro.

Sonó la perilla de la puerta donde había entrado Guerra y salió otra vez nuestro amable anfitrión y me dijo - ¡Usted es periodista, y seguro va a publicar esto y van a venir todo tipo de curiosos! No le voy a prohibir que lo haga pero trate de que suene más a fábula y cuento que realidad. ¡Por Favor!-. El por favor había sonado profundo y tajante.

-No hay problema-, le respondí con la misma seguridad que me lo habían pedido. Entonces Guerra extendió su mano y la estreché, en señal de cerrar el pacto que habíamos asumido. En lo ahuecado de su mano había un papel. Lo tomé y disimuladamente ahuecando mi mano también. Después que se fue, me lo metí en el bolsillo.

Media hora nos estuvo amenazando Sánchez. Hasta que finalmente nos entregaron nuestras pertenencias. Dos hombres vestidos con los uniformes de obrero de la electricidad nos trajeron todos nuestros bolsos, identificaciones, relojes y celulares dentro de una caja.

Inmediatamente busqué mi reloj GPS. Estaba en la cesta, pero apagado.
-Les quitamos las pilas a todo, y las memorias de los celulares fueron borradas, no me puedo dar el lujo de seguir recibiendo imbéciles como ustedes en estas instalaciones. Recojan sus vainas y vámonos que se hace tarde.

Mi compañero y yo rápidamente revisamos todo el equipaje y nos lo pusimos en los hombros. Seguimos a Sánchez hasta el ascensor y subimos.
Imagino que los sentimientos de Sánchez eran de odio y rabia, su superior le había dado la orden de llevarnos afuera sin percances. Pero mi corazón latía con violencia cada vez que recordaba el papel que tenía en el bolsillo.

Esperamos en el lugar donde llegamos al otro "ascensor navaja" que nos llevaría al camino. Vi que Críspulo tenía la mirada clavada en el piso. No decía nada. Bueno ya tendíamos tiempo para hablar.

El ascensor salió de la nada como la primera vez, los hombres que acompañaban a Sánchez nos empujaron para que subiéramos a la plataforma. Cuando se ponía en marcha, Sánchez gritó:

-Si vuelven a venir aquí, no la van a contar. Nosotros tenemos cámaras-. Señalando varios arboles donde se podía observar el reflejo de las lentes que no vimos cuando llegamos-. Si los vuelvo a ver por aquí los van a sacar con los pies lante y después los conseguirán en la cota mil como un ajustes de cuentas.

Mientras la plataforma se movía, los gritos se hacían más lejanos, hasta que salimos y llegamos al camino. Emprendimos nuestra marcha a Caracas antes de que la noche nos agarrara.

... Continuará con la conclusión de la primera parte

miércoles 11 de julio de 2007

La verdad sobre el Fallen Angel

Hace unos meses, se puso en youtube, un vídeo sobre un supuesto engendro, demonio o ángel caído.

La grabación la habían realizado un grupo de jóvenes catalanes en España, en uno de los bosques de esa región española.

La veracidad del vídeo, era tan excelente por los movimientos de cámaras tipo El Proyecto de las Brujas de Blair, que programas especializados en estudios paranormales lo daban como cierto. Sobretodo por el refulgor de los ojos del "bicho" y las palabras y miedo que tenían los jóvenes, que hablaban en catalán.

Este es el vídeo




Lástima que para nosotros los estudiantes de este tipo de fenómenos, sea todo una buena creación de vídeo de estos jóvenes que hasta deberían darles un premio. Yo les confieso que me creí la cuestión, pero no de que era un ángel sino que era una especie de fantasma o algo por el estilo.

El Ángel Caído es un arquitecto español y aquí lo vemos preparándose para la acción.

Todos los detalles lo pueden apreciar en su página web oficial, que hasta tiene una versión de director cut´s aquí

martes 10 de julio de 2007

Sirenas y otras leyendas urbanas (o no tan urbanas)

En estos días recibí de varias personas un correo sobre unos supuestos Gigantes en el lejano oriente que habían sido desenterrados por personal de National Geographic.
Las fotos se veían cráneos humanos del tamaño de un hombre mediano, y una longitud de más de 4 metros de altura.
Sin embargo, pese a todos los avances de las tecnologías actuales, las fotos parecían sacadas de periódicos de los años 80´s, porque se veían muchos puntos y poca resolución.
Pero lamentablemente para el personaje que hizo tal cosa, un ojo poco entrenado (como el mio), percibirían en las fotos a colores, (de menor calidad), los detalles del photoshop. Es decir otro fake.
Se que el tema de esta anotación es sobre las supuestas sirenas, timos y algo más. Una de las más famosas contemporaneamente, fue la del Tsunami de indonesia.
Muchos fueron los correos que recibí con la dichosa sirena que no es otra cosa que la obra de un artista cubano, radicado en EEUU.
La aclaratoria del FAKE la conseguí aquí, que pese a ser una página en ingles, te aclaran muchas de las leyendas urbanas que compartimos las culturas que tenemos que ver con el atlántico.

Sin embargo, por más que busco (creo que fue en un libro de verdad y no en Internet), recuerdo haber leído sobre una superestafa con una sirena a principios del siglo 20.
Se trataba de una "sirena" de fabricación casera que consistía en el cadáver de un monito, cosido en una cola de pez, y el artífice de eso, lo metió en una campana de cristal.
A ver si consigo la foto para que lo aprecien.

lunes 9 de julio de 2007

ZONA NEGRA Parte V

Puedes leer las anteriores aquí la primera parte, y aquí la tercera y cuarta

Zona Negra
Parte V

Empezamos a caminar con cuidado de no caernos ni tropezarnos con nada de lo que había en la cueva.
Llegamos al tablero que desde lejos parecía pero no estábamos seguros de lo que era hasta que finalmente pudimos apreciar la obra.

-Un ascensor-. dijo Crispulo casi riendo- Un ascensor en plena selva.
-O un montacargas- apresuré a decirle. Pero mis sentidos decían que algo estaba mal.

Todo había salido muy fácil. La llegada a la puerta, el traslado hasta el interior de la cueva, la carencia de centinelas, y ahora un ascensor "que funciona". Algo de verdad no estaba nada bien.

-Bueno vamos a montarnos a ver donde nos lleva esta antiguedad- dijo mi compañero al momento que se acercaba al botón para llamar el ascensor.

-¡No! espera un momento, por favor... esto es demasiado fácil, y si fuera algo de lo que pienso que es, ya creo que deberíamos estar muertos.

Me puse una de las linternas con liga, alrededor de mi cabeza y prendí el faro, y con la que tenía en la mano comencé a inspeccionar toda la pared donde estaba incrustado el ascensor.

-¿Entonces? - preguntó Cris con los hombros y brazos interrogando también.
- Aprietalo y que pase lo que tenga que pasar.
- Te dije que si esto estuviese vigilado ya deberíamos estar muertos, además yo fui militar y se como son las cosas.
-Eso lo dije yo, no tu pero creo que tienes razón. Llama el ascensor.

El ruido que se escuchó fue del típico conmutador eléctrico para llamar a los ascensores antiguos que trabajaban por relés. Y comenzamos a escuchar el desplazamiento del vehículo, hasta que se abrió la puerta ante nuestros ojos.
Yo que no soy muy fanático de montarme en los ascensores, inmediatamente vi la puerta. Era de metal y muy grueso. Se veían bastantes pesadas y fuertes para abrir y se podía leer en el piso algo así como weisteiner.
Cuando nos montamos el ascensor se cerró y comenzó su trayecto... pero nosotros no habíamos marcado ningún piso.

El ascensor se abrió, pero los que vieron su interior solo vieron el vacio.

- En esta vaina hay fantasmas chamo-, dijo uno de los hombres vestidos de bluejean y camisa azul clara.
-No hay fantasmas ni nada, solo debe ser un corto que tiene el ascensor, esa vaina es de cuando Perez Jiménez, y todavía funciona con la humedad que hay aquí. Ayudame con estas cajas que están pesadas. Quiero irme antes de mediodía para llegar a mi casa y ver si en la tarde dijo el otro hombre, que era el que manejaba el jeep.

-Viste que esto fue lo mejor que pudimos hacer-, susurró Cris a mi lado en el techo de ascensor. Asentí con la cabeza.

Los hombres trasladaban cajas de madera de un metro de largo. Parecían las cajas donde vienen las botellas de vino caro, pero un poco más alargadas.

Esperamos hasta que los hombres arrumaron las cajas que le quedaban. Uno de ellos prendió un cigarrillo y el otro protestó, pero no pudimos escuchar la conversación. Mis manos se empezaban a entumecer de lo aferrado que estaba a la estructura del ascensor.
Cuando nos montamos, Cris me dijo que era mejor ocultarnos, abrimos el tragaluz del ascensor y rápidamente subimos al techo. Mientras el ascensor bajaba a las profundidades y un olor se hacía presente pero no lo lograba identificar.

Pese a las linternas, no puedo calcular cuanto bajamos, pero si aprecié que el ascensor había sido construido en la roca desnuda de la cueva.

-Bueno vámonos de aquí, lo bueno es que esta es la última vez que vengo, desde mañana vas a tener otro compañero-, dijo el chofer mientras se montaban en el ascensor. Presionó el botón y empezamos a subir.

Oímos cuando prendieron el motor del vehículo y se encaminaron a Caracas. Mi compañero y yo volvimos a entrar al ascensor y marcamos el último botón y comenzamos a bajar.

Cuando abrió la puerta, no se escuchaba nada. Solo el zumbido de los bombillos que rodeaban la zona donde antes habían dejado las cajas los obreros.
-Mira, hay alguien más-, señalándome el espacio vacío donde estaban las cajas cuando subimos.
-Si eso es evidente, pero ¿donde?

La respuesta no se hizo esperar mucho. Vino de nuestra espalda y todo nuestro alrededor. La luz nos dejó ciegos. vi que Crispulo hizo los movimientos de alguien que saca un arma.

-Por favor, llevense las manos a la nuca y pónganse de rodillas que están rodeados. Señor baje el arma que aquí es innecesaria-. Dijo la voz de un hombre por unos parlantes.
-Coño, estamos jodíos,-dijo Crispulo.
-Creo que si- respondí antes de escuchar varios pasos detrás de mi. En ese momento tuve un mal presentimiento, de esos quizás cuando estás a punto de que pase algo malo.

-Tráelos pero no los golpeen-, solté el pecho relajándome. Y de pronto una luz más blanca y después todo negro.

viernes 29 de junio de 2007

Zona Negra Parte IV

Zona Negra Parte IV

Puedes leer las anteriores aquí la primera parte, y aquí la tercera y cuarta



-¿Como crees que podamos entrar? le pregunté a Crispulo cuando vimos o pudimos descubrir que en verdad se trataba de una puerta camuflada para que pareciera parte del terreno.



-No se pero debe haber como una especie de llave como los estacionamientos, porque se nota que el Jeep se paró y luego arrancó pero nadie se bajó, a abrir el portón. Señaló Crispulo. -Otra cosa, no me digas más Señor Crispulo-, interrumpió antes de que comenzara a hablar.- Dime Cris o llamame por mi apellido por favor.



-Bueno Cris...¿y si hay algún centinela?- Le dije señalándole a los arboles.



-Ya nos hubieran disparado o sacado. Esto está solo, lo que podemos hacer es ver si conseguimos la manera de entrar-. Vio un pequeño agujero en un árbol. Lo rodeó y levantó un cable, y sonriendo al cielo pero en silencio. Volvió al agujero en la parte frontal del árbol, parecía que vivía una araña o eso querían hacer parecer. Metió la mano...



Todo pasó muy rápido pero voy a ver si lo puedo describir. A la izquierda estaba Cris con una meno dentro de un tronco de un árbol.



Yo estaba parado unos pasos más adelante de él. De pronto una especie de cortina nos rodeó como si se tratara de un disfraz gigante y una especie de placa gigante bajó inmediatamente de un lado de la montaña. La placa parecía más bien una navaja automática gigante, porque salió de una estrecha hendidura en la montaña y quedando suspendida en el aire sin chocar en la tierra del camino, quedó esperando a que nos montásemos.



Sentí el jalón fuerte en la espalda de Cris llevándome a subirme en nuestro nuevo transporte hacia lo desconocido. Rápidamente di un brinco esperando escuchar el estruendo sobre la placa de metal, pero nada.

Se oyó un suave siseo y tuvimos que agacharnos para no caernos del movimiento, que pese a ser lento de manera vertical, era rápido horizontalmente.



Como un acto reflejo de mi cuerpo, presioné el GPS y se lo mandé por texto a mi esposa. Afortunadamente la cobertura todavía estaba a full señal.





LA CUEVA



Una vez terminó el trayecto del "ascensor", bajamos en una especie de puerto o plataforma de concreto que parecía estar al aire libre pero a la vez no. La luz de día entraba pero no se podía ver por completo el cielo.



-Le dicen túnel vegetal-. Dijo Cris con un gesto de englobar todo el lugar. -Pero no sabemos que hay para abajo.

-Abajo, ¿donde abajo? -. Dije con aire de indiferencia antes de retroceder un paso y sentarme después de ver aquel abismo que tenía fondo, pero a varias decenas o quizás metros de profundidad. -Coño por que no me dijiste, me pude haber caído-. reclamé.

Cris hizo un gesto de indiferencia y saltó del ascensor, seguido de mi. Inmediatamente la plataforma se encogió haciendo un siseo y se perdió de vista en la primera esquina, quizás volviendo a la puerta por donde llegamos a ese lugar.

-Si te hubiese dicho que cuidado con la caída quizás te hubieses asustado y tu habrías caído. Pero dejemos eso así. ¿Le mandaste la posición a tu esposa?

Casí lo había olvidado, levanté mi mano derecha (yo uso el reloj en la derecha), apreté el botón pero no hubo pitidos de lectura del GPS. Lo hice en tres oportunidades más, y nada. Probé con el celular y fue inutil. No llegaba a marcar ni siquiera. -Nada Cris, no hay cobertura.

-O quizás quieren que no tengamos cobertura-. expectó mi compañero quien ya se ponía en marcha. Antes de seguirlo, aproveché de sacar mi cámara de fotos digitales y de rollos, para tomar fotografías.

Durante uno de los brillos de los flashes, vi algo que resplandeció. Estaba justo al final del riel de la plataforma que nos había llevado hasta allá desde la entrada de la montaña. Era una especie de cilindro de más de dos metros de altura. Se podía leer claramente Mercedes Benz Hidraulic 1955, lo demás no se podía ver porque se ocultaba en la curva del aparato. Era tecnología alemana. Guardé la cámara y seguí en dirección a Cris que ya tenía varios metros delante de mi.

-Cuidado, agachate.- aunque parezca ilógico, mi compañero gritó susurrándome, señalándome el jeep que habíamos visto temprano. Vimos el vehículo pero de sus ocupantes nada. Estábamos detrás de esos barriles donde se transporta el petróleo. Golpeé uno con el puñito de los dedos y estaba vacío, y también oxidado. Era de color blanco y decía por fuera Lagoven.

Esperamos más de 10 minutos pero los ocupantes del vehículo no estaban cerca. Así que salimos con cautela y caminamos a lo que parecía una puerta.

"No pase, solo personal autorizado"

Decía el cartel medio oxidado con letras largas y sin serif. Lo otro que pude apreciar era la carencia de tecnología que había. Nada de cámaras o al menos no las veía, nada de las típicas cerraduras con combinación que tanto aparecen en las películas. Ni siquiera un lector de tarjetas.

Me puse de pie y comencé a girar hacia abajo la larga manilla de la puerta, chilló un poco por la humedad y por lo antigua que era. Abrió y empujé la puerta... oscuridad total.

Saqué una de las 4 linternas que llevaba y alumbré hacia adentro. Hubo un ruido lejano. Después más cerca. Mi cuerpo reaccionó rápidamente y comencé a correr a donde estaban los barriles. Por mi mente pasó aquella escena de El Retorno del Jedi luego que Han Solo pusiera los explosivos en el escudo de la luna de Endor y saliera corriendo gritándole a todos que se pusieran en cubierto.

Yo me golpeé la rodilla cuando me oculté detrás de los barriles, busqué a Cris con la mirada pero el todavía seguía parado al frente de la puerta, dio un pasó al lado y puso su espalda contra la pared que sostenía la puerta. Me vio y dibujó en su marcada cara un gesto interrogante.

El ruido se hizo más fuerte, yo ya me había armado con mi cámara para tomarle fotos a cualquier cosa que saliera de "la puerta".

De pronto, unos 15 o 20 murciélagos salieron chillando por la puerta para perderse en lo alto de los árboles.
Al cabo de unos segundos, volvió el silencio y Cris entró en la puerta, después lo seguí yo.

Alumbrando con las linternas, se podía ver mejor dentro de la cueva.

-No puedo creerlo, será posible que sea cierto-. le pregunté a mi compañero.
-Lo mejor es averiguar que será esto- dijo Cris.

... continuará

miércoles 20 de junio de 2007

Zona Negra continuación

Si quieres leer la primera parte, haz click aquí
Parte II
Una vez ya revisada mis fuentes y con distintos puntos donde ir y averiguar, la supuesta aparición de Ovnis o aunque sea la base militar secreta en el Parque Nacional El Avila, pedí ayuda al señor Críspulo González un ex Guardia Nacional retirado quien trabajó como apoyo de los Guardaparques en El Avila durante muchos años.
Nuestra primera opción o primer plan, fue subir al Avila como lo hace cualquier mortal; a pie. El punto inicial de nuestra travesía fue la subida por San Bernandino. Al final de la calle que esconde al Hotel Avila.
La deducción fue lógica. Es una carretera de servicios por donde suben los Jeeps con provisiones, para el personal de Loma del Cuño y Mecedores. Siendo una vía de acceso con posibilidades de utilizar vehículos, si existiese alguna base militar o laboratorio de estudios alienigenas, esa sería la ruta por donde subirían los vehículos de provisiones.
Otra de las cosas que llevo anotado en mi diario de investigación, (no es un LIBRACO, solo un pequeño block de dibujo como el que usan los arquitectos para llevar sus anotaciones), es que en los últimos días, varias personas y estudiantes de los colegios cercanos habían visto sobrevolar la zona, varios helicópteros. Sin embargo esto no era lo más interesante, sino que uno de los testigos señaló que uno de los helicópteros era grande y no llevaba la típica numeración o placa de identificación. Por lo que esta noticia hacía que los medidores de emoción saltaran hasta su punto más alto, aunque también tenía cierto temor porque si era verdad todas esas versiones de los helicópteros, también podía ser cierto que no existiese ningún camino a la base militar.
Una vez preparado el equipo y vaciado la cuenta del banco comprando cosas de último momento, tomamos nuestros morrales y cerca de las 5 y 45 am, montamos todas nuestras cosas en el carro de mi esposa, quien no estaba muy de acuerdo en la expedición, pero después de argumentarle varias razones, entre ellas la de Mythbuster, "Todo sea por la ciencia", accedió a llevarnos hasta la puerta de la entrada vehícular de San Bernandino.
Tomamos la autopista con dirección al centro y una leve llovizna nos hacía pensar que nuestra excursión a lo desconocido no iba a ser fácil, ya que tendríamos un tercer compañero en esta expedición.
Llegamos a la puerta del parque nacional y la lluvia había cesado. Bajamos nuestros equipos y nos pusimos los morrales en la espalda. Durante nuestra maniobra un grupo de Scouts pasaron a nuestro lado saludándonos todos sonrientes, sobretodo los lobatos y principiantes que solo vestían de blue jeans y camisa blanca.
El guía hizo una pequeña pausa para saludarnos y preguntarnos a donde íbamos a acampar, porque no estaba dejando subir después de Papelón "por medidas de seguridad". Yo le dije que íbamos a subir hasta Los Venados y tratar de ver con el telescopio, algunas constelaciones.
Se despidió y la tropa de los chamitos siguió su camino hasta que dieron la vuelta en la primera curva.
Mi esposa me preguntó si llevaba todo. Lo más importante era el celular. Para mantenerme en contacto con ella. Además del celular, había comprado un precioso útil pero costosísimo reloj Casio con GPS. Ese me ayudaría a darle las coordenadas a mi esposa para que me ubicara por medio de Google Earth y así poder hacer una especie de mapa del parque nacional.
Me estampó un dulce pero fuerte beso en los labios; "Cuidate". Se montó en el carro, encendió el motor y se marchó. Críspulo ya había dado los primeros pasos haciendome señas de que lo alcanzara.
Parte III
Ambos tenemos bastones para ayudarnos a subir la pendiente asfaltada rápidamente.
-Tenemos que subir rápido antes de que nos agarre algún ratero. Dijo me compañero tratando de apurar el paso.
El sol ya comenzaba a salir y el calor hacía que la humedad chocara contra nuestros cuerpos, pero cuando me refiero a "chocar" no lo hago en el sentido literario, sino en el más y completo realista sentido de la palabra. La dificultad para respirar se hizo presente, pese a que no estábamos a más de 1300 metros sobre el nivel del mar.
Esa pequeña pausa la utilice para apretar el botón anaranjado del reloj. Inmediatamente sonó un beep y mostró las coordenadas. Las mandé a mi esposa en un mensaje de texto. Primer punto, me dije.
El señor Críspulo me preguntó si tenía idea a donde iba. Le dije que si: "Claro, vamos a la base militar que está aquí". Y sonrió.
Me explicó que durante sus años de servicio en la GN nunca había ido a esa base y que para él y sus compañeros esa base era una especie de mito. Por eso fue que cuando lo invité (previo acuerdo económico obviamente), no rechazó la propuesta.
Sin embargo su confianza hacia mi, todavía no estaba ganada del todo, ya que no entendía por que yo iba en la búsqueda de tal cosa, y porque no había agarrado la ruta de El Camino de los Españoles, donde de verdad ahí se escuchan muchas historias.
-Fácil, entre esa vía y el teleférico, lo que queda es esto ¿no? Y que es más relevante, ¿un camino histórico o un camino recreativo como el teleférico? Ambos ¿verdad? Bueno y que importancia tiene entonces una carretera de servicios, o no esconderías algo en algún tipo de carretera poco transitada, bueno esa es mi teoría. - Críspulo asintió con la cabeza y una leve sonrisa que se confundió con las marcas de las arrugas de su piel. Tomamos agua y seguimos.
Cerca de las 8 y 30 de la mañana, luego de salir del espeso bosque y adentrandonos en terreno más árido, Crispulo maldijo.
-¿Qué pasó? le pregunté
-Desde que empezamos a subir y después que se acabo la vía de concreto, habían tres huellas de jeeps en la tierra, pero desde que nos pasaron las muchachas aquellas, solo veo dos huellas, una se fue y no se a donde.
Entendía la preocupación del rastreador que sin darse cuenta había hecho un hallazgo importante, solo que después de ver a las 4 muchachas en sus licras, gorras y zapatos deportivos, perdió la concentración y también la importante pista.
Chequeé el reloj y marcaban casi las 8 y 34 de la mañana. Y el sol ya comenzaba a calentar bastante por si solo. Observé que Críspulo levantó la cabeza para atrás cerrando los ojos para recordar.
- ¿Habrá algún problema que nos devolvamos?
- Ninguno. - le dije yo, poniéndome en marcha en búsqueda del bosque húmedo.
Bajamos por casi 20 minutos.pero seguíamos sin conseguir las huellas. Otros grupo de excursionistas se cruzó con nosotros. Nos paramos.
Eran 4 muchachos, al parecer por sus rostros, parecían estudiantes de bachillerato o recién salido de el. Todos tenían los rostros rojos y los costados de sus caras sudadas. Hasta el más moreno, acusaba en su cara el cansancio por el esfuerzo de ir contra reloj.
-¿Y ya ustedes se devuelven? Preguntó el más delgado de ellos.
-No es que se nos quedó la carpa y vamos a buscarla. Le dije sonriendo a los muchachos quienes soltaron una carcajada. -no vale es que dejamos una cantimplora olvidada unos metros más abajo y vamos a buscarla.
-Bueno nosotros seguimos, vamos hasta Los Venados y vamos en contra del reloj. Buena suerte. - Y siguieron subiendo. Críspulo no había parado por lo que tuve que dar unos pasos rápidos.
Entramos en la zona boscosa-húmeda de nuevo. Habíamos bajado bastante, tanto como para escuchar los carros que pasaban por la cota mil. Hasta que Críspulo volvió a maldecir y se volteó riendo.
-Los encontré, pero desaparecen aquí como si se fuera volando. Mira...
En serio, las huellas terminaban en ese exacto lugar sin ninguna explicación. Y por la lluvia que había caído temprano, las huellas eran recientes. Pero en ese momento, escuchamos un motor. Sin duda era un jeep. Así que nos soltamos rápidamente los morrales y nos sentamos en el suelo, simulando como que estábamos cansados y yo mandaba un mensaje con mi nueva y valiosa ubicación.
Era un vehículo blanco, con letras negras rotuladas que decían PRENSA, cuando pasaron a nuestro lado, escuchamos una canción de Tito Rojas a todo volumen. Le hice señas al conductor con el pulgar y este me respondió "SUDA QUE AHORA ES CUANDO TE FALTA". Ambos vimos como el jeep derrapó un par de veces disparando piedras. Me oculté la cara, pero un extraño sonido me hizo ver a Críspulo que estaba un poco más abajo.
Un sonido extraño. Ambos cruzamos miradas e hicimos ese gesto de impaciencia con el jeep para que marchara. El conductor tuvo que vernos por el retrovisor porque sonó la corneta antes de desaparecer en la siguiente curva.
Una vez hubo silencio, le pregunté a Críspulo si había escuchado lo mismo que yo. El asintió con la cabeza y ambos tomamos unas pequeñas piedras y las lanzamos.
Glang, glang.
- Sonído metálico. UNA PUERTA, grité.
-Más bien, una rampa de acceso. Por eso las huellas desaparecieron aquí.
continuará...

miércoles 9 de mayo de 2007

Cuentos de Ovnis del Avila

Bueno aqui les dejo un pequeño relato sobre ovnis y militares teniendo al AVILA como protagonista.

Esta historia la titulé "LA ZONA NEGRA". Esta es la primera entrega, que está escrita como diario de investigación, pero sin dejar de ser una novela corta, bueno les dejo con el relato.



La Zona Negra

Parte I

¿Existe una parte del Parque Nacional El Avila que se encuentra de acceso restringido?


Según varias informaciones que han llegado a mis manos, existe una parte de acceso restringido al Parque Nacional El Avila, o al menos así se especula.
Esta zona o sector del parque nacional, se encuentra aparentemente vigilada por unidades élites del ejercito, quienes en su rango más bajo portan los nuevos fusiles Ak-103, y utilizan todo tipo de contramedidas electrónicas como detectores de movimiento, etc.
Para evitar que curiosos, indigentes y buscadores de fortuna se adentren en ese lugar que es custodiado celosament